Por Dr. Hernán León Velasco
El mensaje de Marthita, presidenta de la Real Academia de la Lengua Frailescana, confirma que la palabra, cuando nace del afecto, no solo informa: reúne, agradece y deja memoria. Su prosa —la misma que reconocemos en su libro Legado de vida— tiene la virtud de volver familiar lo colectivo y de recordarnos que la cultura se celebra mejor cuando hay comunidad, respaldo y alegría compartida.
Como ella misma lo expresó:
“Estimados amigos, buenos días.
Les comento que el evento de la Fiesta Cultural y Gastronómica de la RIAL estuvo de primera clase. Todo ello fue posible gracias al respaldo institucional de nuestra presidenta municipal de Villaflores, Valeria Rosales, a quien agradecemos su apoyo y sensibilidad para que esta celebración se realizara con orden, seguridad y entusiasmo.
La música fue todo un deleite para los que amamos las canciones de la Sonora Santanera: desde La Boa, para los de pies alegres, hasta Perfume de Gardenias, dedicado a Villaflores con su perfume embriagador, además del tequila y otros líquidos espirituosos, que hicieron de la velada un acontecimiento para darle mente por mucho tiempo.
Aquino y su piano ya tienen su residencia en cada uno de nuestros corazones, y bastante grande pa’ que ambos quepan completos, aunque quedara afuera la marimba porque ya solo queda lugar pa’l esqueleto.
La comida, para puro gourmet y uno que otro ‘llena tripa’.
La seguridad, como Dios manda.
Los de la RIAL hicieron su papel porque entregaron reconocimientos a la mesa directiva.
Gracias, presidenta Valeria, por tu cercanía, tu disposición y por ser siempre puente y acompañante de la palabra.”
Leer este mensaje de Marthita es volver a la celebración misma: a la música que aún resuena, a la risa franca y al reconocimiento mutuo. Es constatar que, cuando hay afecto, respaldo y palabra verdadera, la cultura deja de ser ceremonia y se vuelve casa.
Porque la palabra, cuando nace del cariño,
no se la lleva la noche:
permanece encendida en la memoria.





























